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La Escuela de la Patria

Mi papel de padre de alumno de escuela pública ya lleva algunos años: Manu ya está en quinto grado. En la escuela hay una situación, una escena, que me genera fuertes emociones: el coro del colegio cantando en los actos de fechas patrias. Desde la primera vez que los vi, cuando Manu empezó la primaria, que sufro la misma transformación en el cuerpo. Cuando la maestra de música abre los brazos y los levanta levemente, cuando esas voces niñas, esas voces niños, salen con compromiso y pasión, mi garganta se cierra y mis ojos se enrojecen. Me rasco la cabeza, muevo el cuello, no quiero llorar, no da. En estos cinco años, en todos los actos con coros, en todas las canciones, lo mismo. Y me obligo a distraerme, me avergüenza esa expresión emocional, intento pensar en otra cosa, miro el techo, las teclas del piano, a los padres conocidos (con esperanza de que ellos no me vean). Siempre es un repertorio del cancionero popular. Giego, Mercedes Sosa, Charly García, Victor Heredia, zamba y chacarera. Hay algo que se produce allí, movimientos en el estomago, una emoción inapelable y la vergüenza de las lagrimas. Es simplemente un grupo de chicas y chicos, vestidos todos con el guardapolvo blanco, parados en orden, cantando o tocando la flauta.

Es la escuela pública pasan estas cosas. Cada día, cada mes, cada año que pasa, me convenzo con alegría que tomamos la mejor decisión cuando elegimos que Manu vaya a una escuela pública. Porque esas emociones del acto no son únicamente porque Manu esté en ese colegio o porque hace un año que está en el coro -y a esa emoción se le sumó el orgullo-, la vibración se produce por algo más integral, más profundo, más colectivo. La visión del salón de actos (que también es comedor, que también es gimnasio) en el momento del canto es una mirada que reúne, que unifica, es una historia, un presente y un camino. No son todos iguales en los bancos ni en las gradas, son diferentes. Y a todos se les ofrece lo mismo: aprender, comer al mediodía, socializarse. En el momento del acto, en el momento del canto, no hay tendencias, ni cortes de pelo, ni zapatillas de marca, ni un precio en la cuota mensual. Todos cantan canciones populares que hablan de los que menos tienen, de los olvidados, de justicia social, de solidaridad. Es una síntesis. Ese momento es una síntesis.

Con Manu pertenecemos a una comunidad escolar. Sin concientizarlo todo el tiempo, pertenecemos a un proyecto de país que se pensó para garantizar el acceso de todos a los mismos derechos, con una marca profundizada en la actualidad orientada a respetar las diferencias. Eso pasa en la escuela pública. Y para pensarla se requiere ver lo particular (el gas, los pizarrones, las lamparitas) y ver lo general (el proyecto político que dice sostenerla).

La escuela pública no se sostiene con afiches en la calle diciendo que se defiende la escuela pública. No se protege a la escuela pública aplicando políticas represivas y discriminatorias contra los marginales. La defensa de la escuela pública forma parte un proyecto integral. Es falso decir que se defiende la escuela pública y al mismo tiempo echar a los pobres de la ciudad, no construir viviendas. No se defiende hablando en televisión y arreglando calles.

Se sostiene con una ideología, con una práctica, con un sentido de solidaridad, de vocación integradora. Se sostiene mejorando el salario y la calidad de los docentes. Se sostiene distribuyendo el ingreso. Igualando el acceso, valorando las diferencias. Todo eso debe hacer la política. Eso es la política. No otra cosa.

Y en los discursos más políticos de Néstor o Cristina me pasa lo mismo que con los actos escolares, la garganta endurecida, las lágrimas. Tienen la capacidad de producirme una mezcla de nostalgia y esperanza, una alegría contenida, impensada. Néstor y Cristina tienen un proyecto que es colectivo y que no depende únicamente de lo que hagan o dejen de hacer ellos en particular. El proyecto depende de todos nosotros. De nuestra práctica política, de nuestras acciones y de nuestras emociones.

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Kiosco Kirchnerista


A dos cuadras de mi casa hay un kiosco kirchnerista. Alcanzó con que una noche vea pegados en una heladera del interior del local dos recortes: uno con una foto de la presidenta, y parte de uno de los discursos que que había dado en Plaza de Mayo durante el conflicto por las retenciones móviles, y la otra, la solicitada que saca en el diario Clarín la Sociedad Rural en marzo de 1977.

A partir de ese día, cada vez que me daba una vuelta para comprar cigarrillos algo soltábamos en relación a la situación del país. Son un matrimonio jóven, y no parecen tener una militancia orgánica. Quizás alguna tradición partidaria atrás, pero por sobre todas las cosas, los pies sobre la tierra.

Hace unos días paré a comprar cigarros y le dije a la señora: ¿te dejo la revista y unos volantes de nuestra organización?. Sí, claro, me contestó gustosa del otro lado de la reja.

Ayer, un rato después del acto de Néstor Kirchner en el teatro Argentino de la Plata, por el lanzamiento de la lista bonaerense, pasé por ahí. La mujer me reconoce, y me levanta las cejas en dirección a la puerta. Miro, y a diez centímetros de mi nariz, veo las boletas agarradas a un gancho de esos que se usan para colgar las medias res, a disposición de los clientes. Los que estaban detrás mio sacaban uno y se lo ponían a leer.

Me subió una pelota de calor al pecho de la emoción. Vamos por todo, le dije. Como siempre, contestó orgullosa. No te mueras nunca, Néstor, dije, ya despidiéndome. Chau, querido, me saludo, con una sonrisa de oreja a oreja, mientras hojeaba el material.

No solo la militancia organizada es kirchnerista. Hay muchísimos más, invisibles, que están ahí, seguros de lo que no quieren y lo que sí.

La boleta se puede bajar de la página de GEN (www.gen.org.ar), y usarla a gusto.

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1) La foto que acompaña este texto retrata una pintada que está hace mucho tiempo en Venezuela al 800, en la cuadra donde trabajo hace muchos años más. Es esa pintada anarquista, esa chapa, la que motivó que nuestro evento se llame Más Poesía Menos Policía. El sábado hicimos el volumen III. Salió todo casi perfecto, o mejor dicho, no importa si perfecto o no, salió bien: quedamos contentos, sonrientes. Los que vienen a MPMP en general se van satisfechos. Eso me alegra. Dije en la presentación que en estas épocas de voces apresuradas, desmesuradas y desproporcionadas, nosotros nos sentamos y dibujamos un evento. Que más poesía y menos policía es una propuesta grupal, social. Lo hicimos entre varios y vinieron más de 100 personas.

http://www.flickr.com/photos/maspoesiamenospolicia/

http://www.youtube.com/watch?v=ona9-AVuxc8

http://www.youtube.com/watch?v=E3PgGt9aMTk

http://www.youtube.com/watch?v=vuPCkyOp8Go

http://www.youtube.com/watch?v=X_yxzBG3w7A

http://www.youtube.com/watch?v=TAK2lLisMB8


2) También el sábado pero a la mañana leí en el diario Clarín una nota a Gustavo Cordera: “Prefiero traicionar a morir”, dice Cordera. Y es título. Pero me quedo con otra frase que tira Cordera y que encierra el universo de la poesía: “El enamoramiento es una ilusión que poco tiene que ver con el amor; es justamente su ausencia”.

3) Entre una cosa y otra, el sábado a la tarde fuimos a la inauguración de la Churrería “El Topo” en la Ciudad de Buenos Aires. La tradicional churrería de Gesell, sabrosa desde que tengo uso de la razón, se agrandó y se metió en Palermo. Vimos como Juan Manuel nos hacía unos churros. Los comimos ansiosos, uno tras otro. Los churros de El Topo son poesía pura.

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Más Poesía Menos Policia Vol III


Este sábado a las 21 horas en casa: Amebabar 2450. Dto 2.

Lecturas, proyecciones, arte visual, música en vivo, comida, bebida, cariño.

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A lo campeón


El domingo pasado escribimos una nueva página en la historia del núcleo duro de la familia Dios: ir a ver a River a Rosario con nuestros hijos. Manu de nueve y Santino de cinco. Para el mayor se cumplía parte de una promesa que le había hecho el padre: ir a ver al millonario de visitante por lo menos dos veces en el año. Para el menor -mi hijo-, fue hacer un viaje a otro país (¿en qué idioma hablan acá, papá?).


Metimos abrigos, termo, galletas y diarios en el auto, y junto a otro amigo, Wen, partimos temprano. Allá nos esperaba otro hermano, en su casa, con una heladerita de mano de color azul llena de sandwiches de milanesa para los grandes y de salame para los chicos, porroncitos y gaseosa. Fuimos a almorzar al río -y nos reímos mucho cuando nos mostró, ya sobre la costanera, el Caribe canalla: una pequeña bahía frente a la cancha de Rosario Central a la orilla del Paraná, arena y mesitas sombreadas por unas palmeras -.


Yo había ido a ver a River al Parque de la Independencia cuando tenía 14 años, junto a un amigo de un amigo que era un poquito más grande que yo. River podía salir campeón esa tarde con equipo de Francescolli que terminó ganándolo todo. Y el loquito aquel me dijo fuésemos, que estaba todo bien. Nos colamos en el tren para ir y también para volver. Las entradas las pegamos de culo y el partido no lo pudimos ver porque no entraba un alma más en la tribuna. Hubo gases y corridas en el parque que rodea el estadio. A mis viejos les dije que me había ido a pasar el día al Parque Sarmiento.


A Santino lo senté sobre el borde del paraavalanchas que teníamos a nuestro costado –le puse buzos y remeras como colchón-, hombro contra hombro contra el que teníamos al lado. Le compré pepsi sin gas, helado de agua y un gorro negro con el escudo del club que le iba un poco grande. Cuando el partido, por fin, levantó temperatura, y los ánimos se caldearon un poco, la tribuna empezó a temblar cuando los cinco mil hinchas que reventamos la tribuna sentíamos que podía venir el gol. En ese momento Santino endureció la cara, la pancita y las piernas que le colgaban en el aire. También se puso en alerta máxima cuando ya con el uno a cero abajo, los de enfrente nos deliraban con todos los gestos y palabras posibles, y los nuestros, enfurecidos, les devolvían los peores insultos que jamás haya escuchado mi nene.

En el auto, a la vuelta, Manu, todavía angustiado, pedía la renuncia de Gorosito. El mío dormía con el gorro de River puesto. Los tres adultos discutíamos sobre nuestra política nacional. Y así le dimos las tres horas de viaje hasta que llegar a casa, tarde, y cansados.


La historia ya está escrita. Santino y Manuel algún día evocarán esta tarde de domingo que fuimos a Rosario. El más grande, quizás, hará mención al desastroso partido, campeonato, o directamente la década del club del que somos hinchas, y Santino, imposible saberlo: con el Paraná, con los miles de hijos de puta que escuchó mientras estábamos en la tribuna visitante del coloso de Rosario, y también, quizás, con River, claro que sí, una de las herencias más patentes que nosotros, los hermanos Dios, les pasamos a nuestros hijos.

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Coral de voces


Internet se coló en nuestras vidas y modificó algunos de nuestros hábitos. Aquellos que escriben, estudian, investigan, cuando necesitan información que no tienen a mano, en general, en la red de redes, si buscan, algo pescan. Puede darse que la fuente no genere confianza, o que la especificidad a buscar sea tal que la bolsa de gatos que devuelve el google no sea suficiente. Como también es cierto que la biblioteca que tenemos en casa es única, y que bajar del estante el texto, desempolvarlo si hace falta, tomar asiento, darle un sorbo al café, prenderse un cigarro, y recorrer las páginas hasta llegar al objeto de estudio deseado, no tiene precio; pero internet, insisto, implica, desde hace un buen tiempo, una novedad llena de matices.

Hoy, en nuestro país, ante la compleja coyuntura política nacional, ante el intento que hace el gobierno elegido por el voto popular por sostener, y profundizar, un modelo de país, y la desmedida respuesta de los sectores que siente afectados sus intereses que no dudan ni un solo minuto en tirar con todo lo que tengan a mano, los blogs, o muchos de ellos, están jugando un partido, no solo atractivo y alentador sino también necesario.

Existe una veintena de blogs, enlazados entre sí, donde los autores aparte de publicar sus textos publicitan los últimos artículos del resto. Es una especie de anillo cuyo denominador común es proporcionar un debate de ideas. Los autores, y muchos de los que dejan sus comentarios, hacen uso de su calidad intelectual, olfato político, tacto, sensibilidad social y una profunda vocación democrática, para generar otro tipo de relato, por fuera de la maquinaria infernal que los grandes medios televisivos leen de la realidad social y política de la Argentina. Las posturas ideológicas y las convicciones están a la vista, en la superficie, y por eso, justamente, son tan visitados.

Los autores escriben desde sus lugares de pertenencia: la educación, la salud, la ciencia, la política partidaria, la prensa, la universidad, una cooperadora, un centro cultural o una biblioteca popular. Y todos ellos exponen sus ideas con un respetuoso cuidado por la palabra. Los lectores, que son muchos, y que enriquecen la calidad del blog con cada una de sus entradas, opinan, y suben la apuesta. Temas sobran porque la Argentina está salada como hacía mucho tiempo no sucedía. La política, como práctica, como herramienta de transformación, ha vuelto, y con mayor énfasis y compromiso todavía, desde que se desató el conflicto con las patronales del agro, hace más de un año atrás. El gobierno dispone de una agenda pública que no da respiro y los medios de comunicación, la oposición, la dirigencia rural, y hasta la farándula, decidieron ir por todo. No hay límite, y casi todo vale. De los cinco grandes medios gráficos de tirada nacional, cuatro se ocupan, día, tarde y noche, a desprestigiar cualquier tipo de iniciativa pública que lanza el gobierno, poniendo en riesgo no solo la estabilidad de la gestión sino también la institucionalidad.

Es por esto que más allá de los espacios naturales de militancia de las que venimos muchos de nosotros, sean partidos políticos, organizaciones sociales, gremios, centros de estudiantes o nuestros ámbitos de trabajo, es primordial que haya otras miradas de la realidad, que quiebren, que interpelen, porque la potencia con la que baja el discurso interesado de quienes manejan el monopolio de la información es avasallante.

Es primordial que exista un coral de voces que desde una posición ideológica clara le haga frente a la pantalla partida de TN, con la presidenta de la Nación haciendo anuncios de un lado, y del otro lado cincuenta ruralistas menospreciando su figura, y los anuncios -incluso aquellos que benefician a su propio sector-, o el Ministro de Justicia y Derechos Humanos de un lado, y Susana o Moria del otro, diciendo lo primero que se les viene a la cabeza, porque así, quizás, y de a poco, el público masivo, y a partir del insistente sonido de la otra campana, se pone a pensar, y opta.

La anunciada nueva ley de Radio Difusión nunca fue tan necesaria como ahora. Por que hoy la batalla es a fondo, no solo por una ley, o un candidato, sino por un modelo de pais.

http://tirandoalmedio.blogspot.com/
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Más poesía y menos policía


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Encendidos

Ayer le decía a un amigo de la familia: unas de las conquistas más importantes del Kirchnerismo es habernos devuelto la política. "¿La política clientelista de los gobernadores de las provincias, los intendentes del conurbano, Rico?", me chicaneó. No. "La política entendida como actividad a la que, por ejemplo, los ciento cincuenta pibes de la agrupación a la que pertenezco le dedicamos tiempo y corazón", contesté.

Nosotros nos sentimos atraídos por la gestión de Nestor Kirchner, y ahora la de la presidenta Cristina, y decidimos armar, a mediados de septiembre del 2007, una organización oficialista, porque los tipos levantaron muchas de las banderas que nosotros sosteníamos en los años noventa, cuando la mano pasaba por resistir los embates de los diferentes gobiernos que fueron en contra de la mayoría de los intereses e inquietudes que teníamos como jóvenes, y como argentinos.

Volvió la política quiere decir -y esto es muy gráfico-, que las discusiones acerca de la gestión del gobierno actual –derechos humanos, índices de desocupación, pobreza y crecimiento, el campo, la corte suprema, Moyano y los sindicatos, la obra pública, la soberbia, la crisis internacional, la irritación, la nueva ley de radio difusión, que son dueños de la patagonia, la nacionalización de las jubilaciones, aerolíneas, agua y correo, Guillermo Moreno, la apuesta a la ciencia y la técnica, Luis D’elia, el MERCOSUR con Chavez y Evo Morales, el adelantamiento de las elecciones, entre otras cuestiones-, se ponen muy efusivas, sacan chispas, y hacen caminar por el lugar a los interlocutores con notorios gestos nerviosos, estés tomando mate con los compañeros del trabajo, en una mesa familiar, con los amigos después de jugar a la pelota, y hasta en la parada del bondi con otro cualquiera. Hacía mucho tiempo que la gente no plantaba bandera, de manera tan crispada, y elocuente, en relación a lo bien o mal que gobierna una fuerza política.

En lo personal festejo que estas ardientes discusiones se den en muchos de los ámbitos donde uno se mueve. Lo festejo porque quiere decir que el gobierno viene desacomodando algunas estructuras que estaban dormidas, en estado vegetativo. Y cuando uno toca ciertos intereses, la reacción es inmediata. Le vemos a diario, cuando Clarín, por ejemplo, o Carrio, o la mesa de enlace, está dispuesta a cualquier cosa.

Nosotros, los ciento cincuenta pibes, y muchos otros más que están organizados en otros espacios, motorizados únicamente por eso que llamamos convicciones, ya estamos saliendo a la calle a dar la discusión. Porque detrás del agravio, del fundamento barato, del me opongo a todo replicando a la oposición y al relato único de los grandes medios, mucho no hay. La idea es romper la coraza, el chaleco, el casco, e interpelar: el tema no son las formas sino el fondo. Demos la discusión, proponemos. Discutamos. Veamos hacia donde queremos ir, y cómo. Estamos dispuestos a escuchar, y asumir los desaciertos. Pero vayamos a fondo.

Estamos ante una oportunidad única de validar un modelo de país al que la gran mayoría apostaría, por lo menos en los papeles. Si uno escarba, se llega a esa conclusión. Hay que contar hasta diez cuando te boludean (por ejemplo, cuando se argumenta que la presidenta se viste caro, o el caso de la valija venezolana), y argumentar, poner sobre la mesa los mas valiosos logros que se vienen conquistando desde mayo del 2003 a la fecha, que no son pocos, y de un peso tremendo.

Esa es la política que ha vuelto: el fuego que te come el estómago cuando te ves defendiendo valores y convicciones.

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Relato (retrato) de Malvinas



1)
Silvio se compró un paquete de Derby, tiró del precinto rojo, arrancó el papel metalizado de la parte de arriba y de memoria sacó un pucho y lo prendió. Pocos minutos después sacudió el paquete sosteniendo los cigarrillos y cayó al suelo un papelito dorado: Te ganaste un viaje a Malvinas para dos personas.


Recién se había casado con su segunda mujer. Tenía miedo a un nuevo fracaso matrimonial. En el hospital le dijeron que él no podía tener hijos. Silvio no estaba en paz, sus gritos no tenían voz: se rompían en el estomago. Le dijo a su mujer que lo acompañara. Iba a volver a Malvinas 20 años después. No se animó a ir al cementerio pero recorrió casi todos los lugares donde había padecido frío, hambre, racismo y torturas por parte de sus superiores.


En el transcurso de ese viaje, en una noche fría en esas islas argentinas con banderas inglesas Silvio y su mujer concibieron a su primer hijo. Volvieron a la ciudad de Buenos Aires y él volvió a sentir que la vida tenía algún camino.


Hoy, 27 años después, Silvio cuenta todo lo que le pasó. Es una catarata, sus palabras caen con fuerza, sin contención, sin elaboración. No hay crónica, hay desahogo. Silvio empezó terapia hace dos años y hoy es feliz con su mujer y sus dos hijos. Cuenta que fue a Malvinas a los 18 años, como conscripto. Se le estropearon los píes por el frío. Su jefe de compañía lo maltrató durante todo el tiempo que duro la guerra. No pudo saber si los ingleses eran tan tiranos como los militares argentinos. Su jefe, Eduardo Flores Ardoino, le decía: Judío de mierda, cobarde, vos no vas a pelear, nos vas a traicionar, anda a pelear a Israel. Lo estaquearon por ir a comprar comida y cigarrillos a un mercado; comía dos arvejas por día y una vez lo hicieron comer agachado, sin usar las manos, como un perro, su comida mezclada con mierda.


Eso lo hizo un militar argentino que defendía la patria, educado en las escuelas argentinas de nuestra patria, educado para asesinar y torturar compatriotas y huir por los montes ante el ataque del enemigo inglés. Los días previos a la rendición, cuando la isla era un caos sin comando ni conducción, Flores Ardoino se borró y apareció días después, en suelo de Puerto Argentino, terminada la guerra, saludando a sus soldados. En las islas, algunas noches, arengaba a esos soldados dándoles whisky, un cigarrillo y una palmadita en el pecho. Bien argentino. Cuando llegaba el turno de Silvio, no le daba nada, por judío cobarde. Silvio tuvo que soportar que algunos de sus compañeros también lo maltrataran, contagiados por las palabras de Flores. Silvio se sentía culpable, cobarde.


Hasta que abrió ese paquete de Derby y volvió, y volvió y volvió. Y hoy se junta con sus compañeros conscriptos de Malvinas y son amigos y son libres.

2)
Los milicos argentinos luego de torturar, matar y desaparecer decenas de miles de personas en todo el país, cuando ya estaban acabando con ese genocidio feroz, se ocuparon de dejar sus últimas huellas: los conscriptos que fueron llevados a Malvinas sin preparación militar, sin equipamiento, sin comida y maltratados por sus jefes, fueron las últimas víctimas de la dictadura. Los conscriptos combatientes lucharon con lo que tenían en una entrega digna y patriota, en contraste con sus respectivos jefes que en muchos casos demostraron una cobardía extrema. La misma cobardía que exponían cuando violaban mujeres en los centros clandestinos de detención o cuando se apropiaban de niñas y niños hijos de desaparecidos.

3)
La muerte de Alfonsín (o la cobertura mediática de la muerte de Alfonsín) tapó un nuevo aniversario de la Guerra de Malvinas. La presidenta Cristina, sin embargo, no olvidó y en la mismísima Londres reivindicó la soberanía Argentina sobre Malvinas y señaló el maltrato que sufrieron los conscriptos que fueron llevados a Malvinas por los militares cobardes y genocidas que gobernaban este país.

Así como la muerte de Alfonsín escondió todo por un rato, también Alfonsín y la sociedad argentina de los años 80 escondieron a los ex combatientes en un rincón oscuro, o en los subtes, colectivos o trenes. Esa ocultamiento les costó a los ex combatientes más muertes por suicidios que las bajas que habían sufrido en la Guerra. Esta era otra deuda que la Argentina debía afrontar.

En los últimos años, con el gobierno de Néstor Kirchner y ahora con el de Cristina se visualizó una clara política reivindicatoria hacia este sector tan agredido por nuestra sociedad. Desde el Estado se recogió la lucha de los ex conscriptos y se les quitó la manta sucia y gris con que la sociedad los había cubierto. Nadie hizo más por los ex combatientes de Malvinas que los gobiernos de Néstor y Cristina, con un discurso sostenido de reivindicación histórica y con políticas públicas de subsidios, pensiones y programas dirigidos. Esto hay que decirlo. Y, en todo caso, discutirlo. Nunca ocultarlo. Este gobierno puso esa agenda sobre la mesa de la política, como hizo con tantos otros temas que estaban cajoneados en nuestro país. Generar agenda y discusiones le da verdadera calidad a la democracia.

4)
Todo lo que se tira al río vuelve. Actualmente hay dos causas importantes, una en Río Grande y otra en Comodoro Rivadavia, en las cuales se encuentran imputados decenas de militares que torturaron en Malvinas. La jueza de Comodoro Rivadavia ya proceso a algunos y declaró imprescriptibles esos delitos. En casi todas las provincias se están recogiendo testimonios para agregar a esas causas.

Tengo el honor, como abogado y militante, de trabajar en la Defensoría del Pueblo de la Ciudad y desde allí recibir los testimonios de los ex combatientes torturados en Malvinas que residen en la Ciudad de Buenos Aires. Y tengo la emoción de poder contarlo.

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La muerte y el relato


El post de Charly me motivó estas reflexiones. Si bien aquí hay sólo un comentario, las repercusiones de "Sin historia", en un sólo día, fueron muchas y muy buenas.



La muerte y el relato
Los duelos suelen traer reflexiones. Quizás la muerte de Alfonsín nos sirva para eso, para reflexionar y enriquecer el debate, aunque sea con nosotros mismos. Uno quisiera debatir con los medios de comunicación masiva, preguntarles algunas cosas, pero ellos no van a contestar. Cuando se muera Menem van a decir que fue el presidente que cambió al país, que resucitó una patria destrozada por el gobierno de Raúl Alfonsín. Esa es su respuesta. La hipocresía sin límite. El diario La Nación y el diario Clarín son una vergüenza nacional. Pero reflexionemos nosotros. Ellos no reflexionan y, lo peor, le están robando a la sociedad el sentido común.

Es notable la diferencia que hay entre cómo se analizaban los hechos cuando ocurrían y la lectura que se hace de esa misma historia ahora. No digo que uno no pueda cambiar de opinión, reflexionar, madurar y obtener nuevos puntos de vista a la luz de la historia. Pero si es así, si se va a realizar esa reflexión, esa madurez, acompáñenla de autocrítica, muchachos. Sino queda en evidencia que no se trata de una reflexión histórica sino de puro oportunismo coyuntural. Le ponemos sacarina y ya está. Que pase el que sigue (que se muera el que sigue).

Así y todo, las consecuencias de la muerte de Alfonsín llegan en un momento muy importante. Que haya miles de personas desfilando por Congreso alivia un poco el corazón político que llevamos dentro. Hay un recreo donde la gente, masivamente, sale a jugar a la democracia. Y eso está muy bien. Hay algo de culpa también en esas caminatas por el Congreso. Ir a ver el cuerpo de Alfonsín es ir a recomponerse un poco con la democracia. Es importante que reluzca esta pasión por la democracia porque ahora, dentro de poco, se vota, y el voto, el acto de ir a votar, está identificado con la recuperación de la democracia, con Alfonsín y los valores que él decía sostener: justicia, educación, alimentación, salud, vivienda; en síntesis: derechos humanos.

Alfonsín es un símbolo en la materia porque ocupo ese lugar en un momento histórico, y tuvo sus méritos para lograrlo, pero también es absolutamente culpable, junto a muchos sectores de la sociedad, de que este país siga pagando deudas hasta el día de hoy (económicas, sociales y de justicia por los crímenes cometidos en la dictadura genocida, entre otras). El era presidente de la nación, no el presidente de una asociación civil. Tenía responsabilidades muy serías a su cargo y con una legitimidad de origen avasalladora tuvo que renunciar antes de terminar el mandato.

Obviamente que su recorrido no fue fácil y que tuvo que enfrentarse con corporaciones, partidos políticos e intereses económicos muy poderosos. Pero tenía un pueblo que podía acompañarlo y no supo aprovecharlo. No se trata acá de analizar cada uno de los hechos y asignar responsabilidades. Pero sí es interesante penetrar en los relatos vigentes, que pueden convertirse en mitos. Resulta que Alfonsín es el hombre que recuperó la democracia y que su gobierno fue destituido por intereses corporativos. Bien. ¿Y qué tal si Alfonsín fue sólo el representante de un pueblo que había luchado por la recuperación democrática y el hombre que no supo gobernar un país y cedió ante todas las presiones que tuvo? Ni una cosa ni la otra.

Las muertes generan el efecto de recorrer las vidas. La muerte de Alfonsín nos hace reparar en su vida y en la de nuestro país. Hagámoslo con pasión, con reflexión histórica, con paciencia y, sobre todo, en el marco de una visión para el futuro. Luchemos para que otros no nos escriban el relato. Escribámoslo nosotros.

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Manu y Santino Dios

Manu y Santino Dios