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Otra vez en La Imposible


El viernes 14 de septiembre, por la tarde, fui una vez más al estudio de la radio de los Hijos e Hijas, La Imposible. Esta vez, invitado por Conrado Geiger, el compañero que de lunes a viernes sostiene un programa vespertino en el que la cultura y la política se llevan todo el protagonismo. Conversamos sobre mis libros anteriores, y en especial sobre mi primera novela El predicador invisible, el proceso creativo de un texto que a diferencia de otras publicaciones, es de largo aliento, del cruce entre la realidad y la ficción, el desafío de sostener la verosimilitud, las correcciones que fui realizando para que el texto dejase de ser una oda a la militancia para convertirse en una ficción en la que los personajes fuesen de carne y hueso, y no de bronce, y también hablamos de mi pasado musical, y hasta de mis dos apellidos, en especial el de sangre, que siempre es motivo de comentarios y suspiros. También conversamos, fuera de aire -y siempre con un mate de por medio- sobre la militancia de Conrado en San Fernando, donde también milita mi prima Guadalupe Dios, y en la que gobierna el Frente Renovador.

Ir al edificio de los Hijos y las Hijas siempre me despierta una emoción. Ir al Espacio Memoria y Derechos Humanos siempre me conmueve. Trabajé allí, muchos seres queridos siguen ahí. Conozco a muchos de sus hacedores y hacedoras y varios de sus edificios, rincones e historias. Allí adentro siempre se respira un aire distinto. En mi caso, de inspiración, de ganas de vivir. Más aún cuando el gobierno era nuestro, del pueblo, de los organismos de derechos humanos, de los sobrevivientes, por supuesto, pero también ahora, cuando el hastío y la indignación nos atraviesan a todos y todas, y son tema ineludible en cualquier conversación y saludo. No hay dudas: estamos viviendo una tragedia. Pero aún así sus edificios y calles siguen luciendo la fuerza y belleza de siempre, a pesar de que el Estado nacional no está bajando los fondos que se necesitan para sostener el predio abierto. Por primera vez en su historia, desde que funciona como Espacio de Memoria, los trabajadores/as del Ente sufrieron un retraso de varios días en el cobro de sus salarios. Hay mucha preocupación y las banderas del gremio estatal ATE pintan de verde las rejas y ventanas de los edificios y calles. Los funcionarios son ahora son parte del enemigo. Los y las trabajadoras la están pasando muy mal, pero están organizados y están todos y todas de este lado de la grieta. No nos vencieron. No nos vencerán ahora tampoco.

Conrado, sobre el cierre de la entrevista, me hizo un regalo precioso. Lo apreté con el brazo, contra mis costillas, cuando bajé las escaleras, cuando le saqué una foto al mmural de Santiago Maldonado, cuando saludé a un grupo de estudiantes de la tecnicatura de periodismo -que se cursa en el edificio de los Hijos e Hijas y que el Gobierno decidió cerrar-, mientras tomaban unos mates en unas mesas que hay en la entrada del edificio. Más adelante, en dirección al Archivo Nacional de la Memoria, al que fui para saludar a un par de seres queridos, saqué una foto. En esa explanada, hace no tantos años atrás, Néstor y Cristina, con el pecho inflado de orgullo por saberse al frente de un proyecto liberador, enfilaban para el flamante Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti, uno de los tantos espacios que tiene el predio para defender y promover en nuestro país, la memoria y los derechos humanos.

1 comentario:

Avigdor Liberman dijo...

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Manu y Santino Dios

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