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Ser parte (del Encuentro Federal de la Palabra)


Al observar las fotos de la cálida Sala B en la que ofrecimos la charla nos atraviesa un sentimiento de orgullo y de emoción. La misma que nos eriza los pelos y entrecorta la voz cada vez que vamos al parque a disfrutar de su multisensorial abanico de realidades efectivas. Tantas veces fuimos espectadores, padres, hijos, adultos, novios, compañeros, militantes, vecinos, ciudadanos a pie. Tantas veces saludamos a sus trabajadores. Tantas veces conversamos con los promotores que sostienen las propuestas de los ministerios. Tantas veces lo citamos en nuestra vida social. Y a ahora nos tocó a nosotros ocupar el rol del panelista. Del que algo tiene para decir, o contar.

Si había un lugar en el que queríamos estar para contarle al mundo que la revista Kranear está hecha por militantes políticos que se dedican a la comunicación y que fue parida por el fervor kirchnerista, es allí, en Tecnópolis, un espacio que para nosotros sintetiza y en el que se hace carne la Década Ganada. Y mejor aún. En Tecnópolis y en el marco de una convocatoria que tuvo que ver con un encuentro en el que la anfitriona y dueña de todos los debates y los suspiros fue la palabra.

Durante los quince días que duró la celebración –más de 370 mil visitantes, informaron los organizadores- formamos parte del Paseo de las Editoriales, y no sólo vendimos todo el material que llevamos al puesto sino que también nos encontramos con un montón de amigos, compañeros, vecinos y hasta antiguas relaciones con las que prometimos volver a vernos. También conocimos colegas que supieron apreciar la singularidad y delicadeza de nuestro trabajo. Sumamos algunos lectores, y difundimos nuestra marca, que a lo largo de cuatro años ya logró hacerse un lugarcito en los estantes, mesas ratonas y revisteros de algunos entusiastas. Hemos visto con emoción a alguno de los Grandes Luchadores Latinoamericanos observarnos con hidalguía desde un termo, carpeta, o ventana. 






El último fin de semana nos dimos el gusto de encabezar una mesa de las tantas que se organizaron bajo el paraguas de la Narrativa, Ensayo y Poesía. Se denominó Militancia y Comunicación e invitamos a los compañeros de la revista Hamartia. Durante una hora, y ante la presencia de amigos, familiares, compañeros y otros visitantes, pudimos contar nuestra historia, compartir algunas de nuestras características editoriales y graficas, y desnudar nuestras intenciones: ofrecerle materiales gráficos a la militancia para que nos sigamos formando y de ese modo contar con más y mejores herramientas para seguir trasformando la realidad.



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Luchar por nuestra Patria

“Volvimos a la Plaza, a luchar por esta Patria” dice una de las estrofas de las tantas canciones que entonamos con la militancia. Qué certera la frase. Qué síntesis. Porque a lo largo de la los últimos años hemos logrado macerar esa idea, ese valor, en nuestros músculos, en nuestro corazón, en nuestra sangre. Ahí quizá esté el mayor logro de Néstor y Cristina. Somos decenas de miles los que ahora nos emocionamos hasta el llanto cuando entonamos el himno nacional. Y no es un nacionalismo berreta, para la tribuna. Es La Patria es el otro. Lo que está en juego es nuestro país que, salvo con Juan Perón, y alguno más en otro momento anterior de nuestra corta historia, siempre estuvo gobernado por cadetes del poder económico. Luchamos por la Patria en el más político sentido de la palabra. Defendemos que nuestro país no solo se haya levantado, y haya vuelto a caminar, y a producir, y a crecer, y a generar oportunidades para millones de personas, sino también que hoy sea faro para muchas otras naciones del mundo, por ejemplo, por haberse desendeudado; por haber incluido en el mercado laboral a seis millones de personas y romper récords de producción; por haber nacionalizado el sistema provisional para atender a enormes sectores de la población; por haber bajado de modo notable los temibles índices de desempleo y pobreza; por haber logrado la inclusión digital de todos los pibes; por haber construido más de mil escuelas; por haber repatriado mil científicos que habíamos echado como si fuesen ratas; por haber construido un satélite que ahora orbita en el espacio; por estar juzgando el genocidio argentino con tribunales y jueces ordinarios; por tener más de quinientos genocidas presos en cárceles comunes y más de mil procesados; por la integración regional con que estamos construyendo una gran Nación; por tener una gran parte de la juventud politizada, movilizada, apasionada por nuestra soberanía y justicia social para todos. 

Los 24 siempre son conmovedores. En especial para familias como las nuestras, que fueron diezmadas, como dijo Néstor. Las consignas fueron cambiando a lo largo de los años. Arrancamos allá por los noventa exigíamos a grito pelado el Juicio y Castigo, pero el futuro llegó de la mano de la política y cómo no vamos a ir por más, por lo que falta, por los que necesitan del brazo benefactor del Estado que nuestros propios padres revolucionarios quisieron conquistar. Hoy la mejor manera de defender nuestro futuro es a través de consignas como “Democracia o corporaciones”. Sin dudas. 

Con la revista Kranear, por estas horas, tenemos la oportunidad, por primera vez, de exhibir nuestros contenidos en una feria de editoriales. En un puesto. Y en el marco del mejor lugar de todos los lugares de la tierra en el que nos gustaría estar. Por coincidencia ideológica, y artística. El Encuentro de la Palabra, en Tecnópolis. Durante el fin de semana largo estuvimos allí durante varias horas, y volvimos a maravillarnos con la interminable serie de propuestas que la Unidad Bicentenario ofrece para toda la familia en el masivo y generoso encuentro que tiene como eje a la palabra. 


Ya lo habíamos vislumbrado hacía tiempo, en alguna de las tantas veces que fuimos al predio, pero ahora, con el 24 de marzo todavía vivo, un rato después de llegar a casa desde la Plaza de Mayo con las patas inflamadas, lo volvemos a subrayar: en Tecnópolis, creemos, se condensa una de las síntesis más evidentes de la reconstrucción nacional que impulsó el Kirchnerismo. Es el relato hecho carne. Es la cultura popular desplegada en todos sus soportes y formatos para un Pueblo que ya tiene clara consciencia de los logros que supimos construir de la mano de dos gigantes, dos grandes luchadores argentinos y latinoamericanos: Néstor y Cristina.

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pensar la luna en vos


qué belleza la luna de esta noche
¿la contemplaste desde el sur?


pensar la luna en vos 

me recordó el muelle privatizado
en el codo de la villa veraniega
sus pilotes de concreto bailoteaban
por la bravura de un océano
por muchos incomprendido;

pensar la luna en vos 

me pellizcó la calidez de la casita de madera
el nado en el río
de las frondosas islas del paraná
las que narró Conti
las que cobijaron a walsh

y a nosotros;

también recuperé la bruma
la llovizna, la resolana

la cortina de palmas enrojecidas
las pelos erizados en las pieles
las lágrimas
del último domingo,
nuestros silencios

nuestros dedos entrelazados
nuestras confidencias,
ahí estuvimos, como otras tantas veces que vendrán

entreverados junto al pueblo de los justos
los que militan
los que sonríen
los que bailan murga

los que trabajan
los que rosquean
los que van a la cancha
los que se forman
los que crecen
los que creen
los que sufren
los de la patria es el otro;


contemplé la luna y pensé en vos 

acá, en la parte norte de la ciudad. 

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El síndrome Patcher

Casi ya no llora, atrapado en libertad

Entre el 15 y el 24 de noviembre de 1976 los milicos mataron a mi papá y desaparecieron a los dos hermanos de mi mamá. En ese contexto nací yo el 26 de noviembre. Mi mamá era militante también. Unos días después de mi nacimiento mi mamá se fue con mi hermana, de entonces 4 años, y conmigo a esconderse a Miramar, para que no la maten, para que no nos lleven. En marzo de 1977 nos exiliamos en Israel para salvar nuestras vidas. A esa altura de la historia Argentina, a un año del golpe de Estado, los militares y sus secuaces habían matado y desaparecido a por lo menos dos decenas de miles de personas. Sus objetivos eran políticos y económicos, su método eran la denigración de la condición humana y su principal herramienta para lograr todo eso era el miedo. Que la sociedad tenga mucho miedo para que nadie se meta y quiera impedir que unos pocos se enriquezcan a costa de la miseria de otros millones y que el país se endeude para siempre.
Algunos desgraciados compararon la huida de Patcher a Tel Aviv en enero de este año con el exilio de aquellos años en donde muchos argentinos fueron recibidos por Israel para salvar sus vidas. La casa de todos los judíos del mundo es Israel. Siempre. Pero hay que ser muy mal parido para hacer semejante comparación.
La diferencia esencial, más allá del peligro concreto de vivir o morir, es que aquello fue un problema colectivo (un genocidio) y esto es un problema individual. Pero ojo, porque justamente el objetivo de los desestabilizadores es que el pueblo perciba miedo, que ese miedo individual sea colectivo. Y a diferencia del proyecto político e ideológico de este gobierno, que se basa en la organización, el proyecto neoliberal fomenta la desorganización y el caos. Cualquiera te puede matar, entonces de todos hay que desconfiar. Es una batalla brutal por el sentido y por la descripción de la realidad. Porque en definitiva la realidad es lo que a cada uno le pasa psíquicamente. Como les cuesta tapar la realidad objetiva de crecimiento y mejora de las condiciones de vida del pueblo argentino (datos económicos, laborales, de salud, etc.) entonces apuntan a la psiquis. Argentina está entre los países donde más se consume ansiolíticos en el mundo. Eso han generado y saben que pueden ir por más.
Un pueblo organizado, consciente y crítico o un pueblo desorganizado, lleno de miedo. Esa es la cuestión.
Ejemplo de eso es la escapada de Patcher: un problema individual. No se sabe las razones por la cual se escapó porque si es por sus explicaciones, solo se puede hablar de un tipo con paranoia, problema que quizás pueda ser abordado en una terapia y no como un escándalo político, como las basuras concentradas de este país lo quieren instalar. El objetivo es que la historia de Patcher sea un síndrome, que se transforme en un conjunto de fenómenos que caractericen una situación determinada. El síndrome de Patcher, producto de una cultura individualista dominada por los grandes medios que resiste ante la interpelación política hecha en Argentina durante los últimos 11 años, de la mano de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner. Este proyecto político, entre sus logros, tuvo la habilidad de ir levantando máscaras de diversos sectores sociales. Mostrar lo que son y que cada uno elija. Y eso sí da miedo.
El miedo que dicen sentir los jueces y fiscales cuando convocan a una marcha para pedir justicia no es el miedo a qué les pase algo físicamente producto de la agresión de un tercero, ellos saben muy bien que nada de eso les puede pasar. El miedo que tienen, real, es a perder sus privilegios, es el miedo a que los conozcan: cómo trabajan, cuánto ganan, qué causas aceleran y qué causas no. Es parte de la tensión de esta batalla política y cultural. Son quienes deben impartir justicia y hacen una marcha pidiendo justicia. Es un reclamo hacía ellos mismos. Pero el nivel de impunidad que manejan los hace creer que se dirigen a otros. Le piden justicia al gobierno y cuando el gobierno opina denuncian intromisión.  Es como que Cristina Kirchner encabece una marcha solicitando que el gobierno termine una autopista.
El síndrome Patcher, además, es clasista y tiene como único objetivo mantener el status quo. En el camino muchos se creen realmente afectados y sufren. Pero el objetivo es matar a la política. Meten miedo a la sociedad diciendo que tienen miedo. Es un síndrome clasista porque dice tener miedo de los “poderes” cuando no hay ningún hecho que realmente justifique ese miedo a que les pase algo físicamente. Pero al costado de esa pantomima, hay jóvenes que siguen siendo asesinados por las fuerzas de seguridad, hay mujeres y hombres que siguen siendo asesinados por disputas territoriales para quedarse con negocios de venta y comercialización de estupefacientes y hay muchas mujeres que siguen siendo asesinadas por sus parejas. De eso no tienen miedo porque son parte de que siga ocurriendo.
El síndrome de Patcher te quiere hacer creer que no se puede vivir en Argentina para que te sientas absolutamente vulnerable, te quiere hacer creer que ese miedo es culpa de este gobierno, te quita seguridad en vos mismo, generando confusión y angustia. El síndrome de Patcher es enemigo de la organización. Todos con miedo, sueltos, solos. En edificios sin portero
eléctrico, sólo con cámaras que no andan y seguridad privada que de lo que menos saben es de seguridad. En esas condiciones de estafa desean llegar los salvadores de la patria y si te agarran así te van a explicar que todo lo que tienen que hacer es necesario para que estés mejor. En el camino el país se vuelve a endeudar, te quedas sin trabajo (de verdad), si protestas te van a reprimir, las vacunas las vas a tener que pagar y los planes sociales se van a eliminar.
Las políticas de memoria de este gobierno no tienen como objetivo regodearse en el dolor, sino todo lo contrario. El objetivo máximo es empoderar al pueblo de que cuando vienen por algunos sectores imponiendo el miedo, en verdad vienen por todos menos por el 5% de la población: los poderes económicos. Conocer el pasado es garantía de proteger el presente y planificar y soñar el futuro. Conocer es el mejor remedio para el miedo. Para el síndrome de Patcher cultivado desde la criminología mediática no hay historia, no debe haber historia. Solo algunos filósofos de reflexiones coyunturales hechas en un entierro.
La historia de los pueblos no se escribe con miedo. Ni tampoco la escriben los diarios.

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diario roto

dibujo un arco con mis manos
rompo al medio la página del diario
el atropellado sonido a papel obra destrozado
por un instante me despoja del hastío
la mugre, lo tórrido, el hostigamiento sistemático;
las palabras derraman tinta
se desprenden del veneno
que le inyectan
los comandos del terrorismo mediático.

pero cómo no destrozar la última calumnia
de un plumazo
en un acto brutal, cegado
si nos enviaron a la guerra
y nos mutilan, con saña y resentimiento
perversos, hablan de prensa libre
de libertad, de expresión
pero no peregrinan hacia la verdad
ni una escarapela de patria producen
intentan, eso sí, sin pausa
como si no hubiese más tiempo
encender una hoguera sobre el trasvasamiento generacional
la herencia
decapitar las flameadoras de las plazas
arrojarla al vacío, por lo que más quieras
enterrar, para siempre
la política, las ideas
que escriben una época digna
con menos privilegios
y con palabras.

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A él lo vi bajar los cuadros. A ella, disolver la SIDE


Por Rocío Bilbao

El Poder se manifiesta de diferentes maneras, con todas ellas golpea, y fuerte. Transforma, para bien o para mal. Destruye o crea. Ese Poder a veces es oscuro, siniestro, voraz. Se manifiesta en la sombras y daña. No tiene rostro, parece no tener cuerpo. Su capacidad de daño reside, precisamente, en que no lo podemos ver. Operetas, circos, escenarios montados, dimes y diretes, rumores infundados. Lo que sí vemos son sus consecuencias: Pánico. Y bien sabemos, una sociedad con temor pierde su capacidad de transformación, porque pierde toda esperanza.

Otra cara del Poder, sin embargo, también es anónima, pero tiene rostro. Millones de rostros. Es el Pueblo, son las plazas colmadas, las pintadas callejeras. El rostro de la solidaridad con el otro, la difícil y ardua tarea de construir la unidad y la organización más allá de los intereses y mezquindades individuales, con la convicción de saber que el único camino para ser libres es luchar por ser definitivamente iguales. Y con una única bandera: la bandera de la Patria.

Soy orgullosamente kirchnerista por muchas razones. Tal vez me quede grande decir que es por comprensión histórica o voluntad política. Pero una de las razones más fuertes es porque vi, a lo largo de estos hermosamente tumultuosos años, cómo este Proyecto Nacional y Popular construía (y así se construía a sí mismo) Poder Popular al tiempo que, desnudaba uno a uno  esos poderes fácticos y oscuros, les ponía nombre y apellido, arremetía contra ellos.

Por ejemplo, a Él lo vi bajar los cuadros. A Ella, disolver la SIDE. Y además, un conjunto de políticas que, tal vez, se puedan resumir como la restitución de derechos de millones de argentinos. Incluso de aquellos que hoy gozan de sus beneficios pero parecen ignorarlos.

Claro que falta un largo camino todavía. Y esa lucha contra los poderes corporativos y concentrados es cada vez más dura. Y seguramente habrá muchos errores, desatinos y temores. Debo confesar que sostuve (y aún lo hago) que el camino hacia muchas verdades que nos faltan sea largo e interminable. Pero estoy convencida que ese camino solo puede transitarse si sigue fortaleciéndose nuestro Proyecto Nacional y Popular. Porque es el único espacio en donde es posible la construcción de la institucionalidad necesaria para que la Verdad y la Igualdad sean factibles.

Hoy la Jefa dijo que cuando mataron a Ferreyra nadie daba apostaba dos pesos a que ese crímen iba a esclarecerse. Y sin embargo así fue. Doce años atrás, muchos creíamos que era impensado que los milicos sean definitivamente juzgados. Y hasta era imposible siquiera esgrimir la idea de la complicidad civil. Hoy los genocidas están siendo enjuiciados y condenados y sabemos que aquella dictadura no tiene otro nombre que el de cívico-militar.

La medida tomada por Cristina hoy de disolver la Secretaría de Inteligencia es un pasito más (firme, valiente  y sin pausa), entre muchos otros, en este camino hacia una Democracia verdadera, donde el único poder posible sea el del Pueblo. Y, sobre todo, nos dio algo que muchas veces se resquebraja: esperanza.  La esperanza en que, a pesar que esos aquellos poderes fácticos y espurios golpeen fuerte, no dejaremos de luchar por la igualdad. Y que somos invencibles. Porque tenemos amor, amor a la Patria.

¡CRISTINA CONDUCE!

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Entrevista a Javier Grosman (3)

Crédito foto: Unidad Bicentenario

Levantamientos policiales
El último gran festejo que organizó la Unidad, una vez más, en Plaza de Mayo, fue para los treinta años de democracia. La fecha cayó justo cuando en el interior del país las policías provinciales se habían amotinado por cuestiones salariales. En pocos días las refriegas y los saqueos acumularon diez muertos. La oposición, y las corporaciones de medios de comunicación opositoras se rasgaron las vestiduras, pusieron el grito en el cielo por la celebración oficial. Nada nuevo. Pero dentro del kirchnerismo hubo un debate. En la Unidad, también. ¿Se debía, o no, suspender los festejos?

“Yo sostenía que había que suspenderlos”, dice Abelardo, serio. Javier tenía la postura contraria. “Llegamos a pelearnos”, recuerda el primero. Ahora se ríen, y chocan sus palmas en el aire seco de la oficina, pero remarcan que en aquel momento no lograban saldar las diferencias. Elevaron sus posiciones a las autoridades, que fueron los que evaluaron la coyuntura con otros elementos sobre la mesa, y tomaron la decisión de sostener la celebración.

Otra vez los mapas
Dicen que ellos se tienen que reinventar de manera constante. Lo mismo le piden a los organismos que montarán un stand en el parque durante el 2014. Dicen que el desafío es innovarse, siempre. A algunos organismos les sacaron el pabellón, ya que “si los visitantes saben que se van a encontrar con las mismas atracciones que el año anterior, ¿por qué van a volver?”, cuestionan.

Nos despedimos con un caluroso abrazo de compañeros. Cuando estoy bajando los escalones, espío por última vez la oficina. Ya están sentados alrededor de los papeles.

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Entrevista a Javier Grosman (2)

Lectura política
Algunos días después de las elecciones legislativas de octubre del año pasado fui al parque con mi hijo. Era una tarde de sol hermosa. El predio reventaba de Pueblo. Había que hacer cola para entrar a cualquier pabellón, o carpa. De repente, mientras caminaba por la arteria principal del parque sentí una profunda rabia. Muchos de los que me pasaban por los costados, junto a sus familias, novios, sacándose fotos, con las heladeras de picnic colgados de un brazo, habían decidido no acompañar las políticas de desarrollo con inclusión social de Cristina. Alzaba la vista, contemplaba la monumental política pública que ofrecía el Estado Nacional en ese mismo momento, para miles de compatriotas, y se me estrujaba el corazón.

Por qué, les pregunto a ellos. Hablan de los “derechos adquiridos”. Javier recordó que luego de las legislativas del 2009, cuando Néstor Kirchner perdió con un candidato de cotillón como De Narvaéz, llegó el cincuenta y cuatro por ciento de la actual Presidenta. “Una cosa es que te elijan para controlar, y otra muy distinta es para gobernar”, señala. Ambos están convencidos de que en el 2015 el Pueblo va a saber elegir, y que no van a tirar por la borda las conquistas de los últimos años, y la posibilidad de seguir ampliando derechos.

Abelardo dice que el desafío, si es que el proyecto nacional y popular pierde el poder, es hasta qué punto el Pueblo estaría dispuesto a regalar los avances de la Década Ganada. “Vas a poder eliminar la Asignación por Hijo”, pregunta. “¿Vas a volver a privatizar las jubilaciones, o Aerolíneas Argentinas, o el Fútbol?”. “¿Vas a poder cerrar Tecnópolis, o decir, señores, a partir de ahora para entrar al predio hay que pagar cien pesos?”. 


Insisten, con vehemencia, en el musical de Zamba. Artistas que vuelan, pantallas de video en alta definición, una cortina de nieve que cae del techo cuando San Martín cruza los Andes. “Una producción del carajo”, subrayan. Vuelven a señalar que ellos, desde la Unidad, a la gente quieren darle lo mejor.

“Es falsa esa ecuación de que Estado Nacional más gratuidad es igual a berreta”, dice Javier. Que salga lo que tenga que salir. “¿Por qué lo gratis tiene que ser mediocre, o malo?”. En el 2013 hicieron 54 funciones del musical, para unas 5 mil personas. 250 mil disfrutaron del espectáculo en la tercera temporada del parque. No importa que sea gratis, o no. La pregunta que hacen Javier y Abelardo es qué espectáculo junta esa cantidad de espectadores hoy en la Argentina.

“Este es un gobierno que asume riesgos”, dice Javier. “Nosotros lo que hacemos, en sintonía, es asumir riesgos estéticos”. Por ejemplo, en la fiesta por la Década Ganada, en la Plaza de Mayo, el último 25 de mayo, cuando montaron a al DJ Zucker, Poncho y a Pablo Lescano, entre otros, en un contenedor transparente, y lo elevaron a treinta metros de altura por sobre las cabezas y las banderas de la multitud, mientras la fachada de la Casa Rosada era bombardeada por luces de todos los colores por medio de la técnica del Mapping.

La secretaria vuelve a irrumpir en la oficina. Otro llamado para Javier. Luego de un intercambio de palabras, el jefe corta. Lo acaban de poner al tanto de que el acto que organizaron en la villa 21.24 de Barracas, para la Presidenta, había salido muy bien. Se trataba de un homenaje, junto al cura villero del barrio, para Hugo Chávez, a un año de su pase a la inmortalidad.

¿El sello estético de la Unidad está presente en cada uno de los actos oficiales?, pregunto. Sí, en casi todos. Para el acto que acaba de finalizar, en la villa, montaron la técnica de audio y video, las pantallas, y diseñaron el fondo del escenario. Cuentan que para armar el dispositivo general de un evento oficial, se adaptan al lugar. En este caso, no iban a tirar fuegos artificiales, ni mostrar ningún tipo de derroche. De hecho, luego, a la noche, cuando lo vimos por televisión, se vio que el acto fue muy austero. Memorable por su significado, y el territorio en el que se realizó, y no por lo grandilocuente del acto.

Ponen un ejemplo con respecto a la idoneidad con la que trabajan. Por qué gastar un dineral en una lona brillante que luego te impedirá lograr una buena foto del acto, ya que la luz rebotará con una fuerza incontenible, si por el contrario, se puede poner una lona de tipo mate, que no brilla. No se trata de diseños rimbombantes, de tipo menemista, sino más bien sobrios, que expresen elegancia.

Un punto y aparte para la relación con el área de Ceremonial de los distintos ministerios del Ejecutivo, o el equipo de Presidencia. Aclaran que se llevan muy bien, que “desde el momento que los muchachos de Presidencia entendieron que la Unidad no quería competir con ellos, la relación anda como un violín”.

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Entrevista a Javier Grosman (1)

Crédito foto: Unidad Bicentenario

Habernos sentado en una mesa de reuniones junto a Javier Grosman -el Hombre Bicentenario- y sus colaboradores fue uno de los gustos más importantes que nos dio la profesión. Se trata de un hombre que con su formidable trabajo logra una síntesis muy potente del legado cultural que fue construyendo el kirchnerismo a lo largo de sus tres gobiernos. Se trata del hombre que montó ese espacio mágico y conmovedor que tantas veces nos puso los pelos de punta llamado Tecnópolis. Ahí, justamente, tomamos café, comimos unas galletitas dulces, y charlamos de nuestro querido país.

La experiencia de haber organizado los festejos del Bicentenario la publicamos en la última edición de la revista Kranear. Hay que comprar el impreso, o leerla acá. Pero la charla de aquella fría y nublada tarde, en las oficinas que la Unidad Bicentenario tiene en la mega muestra de ciencia, arte y tecnología más grande del mundo versó sobre varios otros temas.

Va la primera entrega (de tres).

Diálogo y consenso
La secretaria trae más café, y también unas galletitas saladas. Son más de las siete de la tarde y el hambre empieza a apretar. Javier recuerda la tensión que se generó con el gobierno de la Ciudad sólo unos días antes de que se montase la mega muestra de Ciencia, Arte y Tecnología Tecnópolis, con la que la Unidad coronaría los festejos del Bicentenario, entre el 2 y el 14 de noviembre del 2010. Luego llegarían las celebraciones del 10 de diciembre, por el Día Internacional de los Derechos Humanos y, por fin, cerrarían un año extenuante.
Por medio de viejos amigos de la subsecretaría de Cultura, en la que había trabajado durante la gestión Aníbal Ibarra, Javier se enteró de que el gobierno de Macri estaba por negarles el permiso para montar la muestra en la avenida Figueroa Alcorta, en los bosques de Palermo, al norte de la ciudad. Pero algo no cerraba, ya que el mismo gobierno porteño ya había empezado a montar las obras.

Javier lo llamó a Diego Santilli, en aquel momento titular del área de Espacio Público. Lo consultó. El otro le dijo que no, que era una locura. “Mirá que me comentan que para las cinco de la tarde convocaron a una conferencia de prensa”, le avisó Javier. El otro le dijo que se quedase tranquilo, que debía ser por otro tema. Pero a las cinco en punto, como los ingleses, el Jefe de Gobierno les prohibió montar la muestra.

El PRO había quedado muy mal parado luego de su negativa a participar de los festejos del Bicentenario, y una de las hipótesis era que habrán hecho la lectura de que no debían permitir que el kirchnerismo volviese a capitalizar un logro político, y peor aún, en su propio distrito.

Dos días después Javier publicó en Página 12 un artículo llamado “Colapsar o no colapsar”, con el que les pegó durísimo a los funcionarios del gobierno porteño por su miserabilidad política, su cinismo y perversidad. Va un párrafo de muestra.

“En la Argentina vapuleada por el neoliberalismo degradante de la dictadura y los noventa, es imprescindible seguir inoculando dosis periódicas de la vacuna que refuerza nuestra autoestima. Desde hace casi ocho años, el gobierno nacional viene administrando ese plan de vacunación con políticas que ayudan a fortalecer nuestra imagen en el espejo. Porque después de haber recuperado lo valioso, lo querible, lo épico y lo trágico de nuestra historia, nos proponemos mirar para adelante, mirar al país que queremos y necesitamos, mirar al país que investiga, que piensa y que desarrolla, que no le teme al colapso que hace falta para la innovación, para romper con el vacío. En definitiva, mirar a la Argentina de los ideales elevados, que piensa en las grandes cosas, como decía Houssay”.

Para mediados de octubre de 2010, entonces, la Unidad Bicentenario se quedó sin lugar para hacer el cierre formal de los festejos por el cumpleaños 200 de la Patria.

Insoportablemente vivo
Diez días después, el 27, fallecería Néstor Kirchner. Una bomba atómica para todos. Qué hubiese sucedido con una Tecnópolis abierta. Quizá lo hubiesen cerrado por duelo, u otra alternativa. No hay manera de saberlo. Lo concreto es que luego de la masiva movilización popular que el Pueblo realizó para despedir al ex Presidente, el entierro en Santa Cruz, y aquella media semana de Duelo Nacional, el secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli, le dijo a Javier que había que redoblar la apuesta.

De ese modo, se revalidaba y profundizaba un modo de entender la política, y de hacerse cargo del impulso de la vida, estrechamente ligado al ADN kirchnerista. Javier lo pone en palabras, ahora, en la oficina: “Este gobierno nunca va a menos, siempre va a más”.

Tecnópolis
Les llovieron ofertas para armar la muestra en varias regiones del país. Ellos prepararon una carpeta con los posibles lugares, y la presentaron en Presidencia de la Nación. En el puerto, en un cuartel del ejército, en terrenos de una industria, en un parque para el que no debían pedir permiso. La idea era que la muestra ocupase unos quinientos metros cuadrados.

Pero una persona de su confianza -piden reserva acerca del nombre, o parentesco- le acercó a Javier la idea de hacer el evento del otro lado de la General Paz, lo más cerca posible del distrito más rico del país que les había clavado un cuchillo por la espalda. Así fue que Grosman y Parrilli se subieron a un helicóptero, sobrevolaron la extensa geografía bonaerense, y se toparon con el predio en el que ahora estamos sentados, comiendo galletas dulces, repasando la historia de gestión pública de la Unidad Bicentenario.

“Esto era un monte y la rata más chica escribía a máquina”, grafican. Ante semejante espacio, Javier le comentó a Parrilli que poner en valor el espacio para una única vez, o para siempre, salía lo mismo. El otro, prudente, le dijo que había armar una edición, y luego ver qué pasaba. “Paso a paso”, citan ahora a ‘Mostaza’ Merlo. En enero de 2011 empezaron a dibujar los planos, y en febrero, a trabajar. Más de dos mil personas se deslomaron de sol a sol para abrir el predio, en julio.

A lo largo de las cuatro ediciones, Javier, Abelardo y el resto del equipo de trabajo fueron robusteciendo la infraestructura del predio, incorporaron nuevos servicios, propuestas, atracciones, que crecieron en cantidad, calidad, y heterogeneidad. Ambos hombres marcan con los dedos el mapa desplegado en la mesa de reuniones. “Dinos”, “Zamba”, “La nave de la ciencia”. En el ala izquierda del papel emergen dos enormes pabellones. El Predio Ferial, y el Pabellón Bicentenario. “Edificamos uno por año”, cuentan.

En el más grande caben quince mil personas sentadas. Es imponente. Allí, durante el 2013, el grupo “Choque Urbano” y la Fanfarria Granaderos ofrecieron un espectáculo de vanguardia que combinaba percusión, danza y teatro, con cincuenta artistas en escena. También ahí se ofrece el Musical de Zamba, otro espectáculo espléndido, de altísima calidad artística, que si fuese una iniciativa privada y se ofreciese por ejemplo en el mítico Luna Park, costaría por lo menos trescientos pesos la butaca. En el Pabellón Bicentenario se montan ferias, muestras, talleres, charlas, y otras propuestas.

El parque no tiene aportes del sector privado. En la zona norte del predio uno se cruza con amplios stands de las automotrices más importantes del país, o de la industria de la maquinaria agrícola, pero ninguno de ellos vende sus mercancías. Sólo las exhiben. Coca Cola, Google, La Serenísima, Aluar, Fate, Garbarino, Fate, Pampers, Fiat, Ford, entre otros.

“Lo único que les pedimos es que se hagan cargo de la inversión que requiere montar el stand, y que no vengan a vender sino a mostrar sus desarrollos tecnológicos”, cuentan. “Renault, por ejemplo, el año pasado”, aporta Abelardo, “el año pasado mostró acá un auto híbrido eléctrico que no llevó al Salón del Automóvil”. Hablan de la “presencia de marca”, pensando en el libreto de marketing de cualquier empresa. “Por acá pasan cuatro millones de personas por año, de todas las clases sociales”, recuerdan.

El parque abre tres meses por año. Durante el 2011 por allí pasaron más de 4 millones y medio de personas. En el 2012, cuatro millones trescientos mil. El año pasado, de nuevo 4 y medio. En el 2014 rozaron los 5 millones. Según las estadísticas de la compañía Google “Tecnópolis” es la palabra más buscada en Internet. “Está entre las diez palabras más buscadas, junto a Facebook, Twitter, Mercado Libre”, cuentan, “y en el año 2011, año de elecciones, compitió contra la búsqueda del Padrón Electoral”. Casi un millón de seguidores en los canales que tienen abiertos en las redes sociales.

Hablan de una dimensión horizontal, que es la propuesta fija, que está siempre, y otra vertical, que son los eventos que van ganando la agenda. “Comicópolis”, por ejemplo, que fue presentado como el Primer Festival Internacional de Historieta, y que se repitió hace unos meses, o “Innovar para Incluir”, una iniciativa del Ministerio de Ciencia y Tecnología con la que se le propuso a la ciudadanía realizar un recorrido conceptual y sensorial por la innovación social, o “Raíz”, un Festival Federal de Gastronomía que ahora producirá su segunda edición, el Encuentro Federal de la Palabra, y el más reciente Toque, el Primer Festival Internacional de Percusión.

Cada uno de los festivales, o encuentros, duran tres, cuatro o cinco días, y de este modo el equipo de la Unidad logra penetrar ciertos “nichos”, o audiencias, que muy probablemente si no fuesen invitados a armar sus actividades en el predio del Estado Nacional no conocerían el parque –ni tendrían la oportunidad de ser visitados por miles de personas-. En el 2014 también lograron convocar a los protagonistas y seguidores de disciplinas como el Stand Up, el Hip Hop y el diseño textil.

“Las ideas están en el terreno”, dice Javier. “Lo que hay que hacer es encontrarlas”. Cita, en realidad, a un arquitecto neoyorquino. También a Miguel Ángel, el escultor italiano: “la escultura está dentro del bloque de mármol, lo que hago yo es sacar la sobra”. Son decenas las ideas que Javier, Abelardo, y el resto del equipo, ponen a funcionar en el predio, todo el tiempo, en todos lados. De dónde salen, pregunto.

“No somos una manga de iluminados”, aclaran. “Estamos siempre con los sentidos en estado de alerta, hablamos con mucha gente, registramos sus percepciones y experiencias en video”. Cuentan con el registro de miles de testimonios de los visitantes. Por otro lado, cuentan que “de cada idea que se materializa en el camino quedan otras veinte”. Otras veces, avanzan con una propuesta, a la que le dan forma, pero luego, por diferentes razones, deben descartarla.

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la plaza nuestra

turistas de todo el planeta
pasean su tiempo libre
por la mítica plaza de mayo
sin detenerse a reflexionar
ni por un instante
la tumultosa historia
que allí se desparramó;

ni las patas en la fuente
ni los discursos del líder, y su mujer
ni el cobarde bombardeo de la aviación
ni la proscripción del líder
ni la vuelta del líder
ni la disputa por el reconocimiento del líder
ni la salida de la plaza por el espaldarazo del líder
ni los tanques del 24 de Marzo
ni la irrupción de las Madres
ni los gases contra los Gremios
ni las Marchas de la Resistencia
ni las plazas por Malvinas
ni la recuperación de la Democracia
ni los festejos por la copa del 86
ni la promesa de que la casa estaba en orden
ni la otra que vaticinaba una revolución productiva
ni los muertos del 20 de Diciembre
ni la asunción de Néstor
ni la patriada de Luis D'Elia el 25 de marzo del 2008
ni las plazas para defender el Modelo
ni los festejos del Bicentenario
ni las plazas celebratorias de la Década Ganada;

no tienen por qué involucrarse con tanta virulencia, claro
tan despreocupados van y vienen con sus cámaras
y la ropa de colores vivos;
dónde dice, acaso, que uno debe asimilar
como si se tratase de una bocanada de aire
las victorias y derrotas de los pueblos que luchan o se resignan
cada vez que pisamos una plaza
de una Nación cualquiera;

yo sólo quisiera estrecharles la mano
sentir la rugosidad de su piel extranjera
adivinarles bondad en sus ojos claros
y decirle ey, señor,
si usted supiera
lo que nos costó poner aquella noble y monumental escarapela
en la puerta grande de la Casa Rosada,
pero vaya nomás
y recuerde por favor que nuestro cielo es peronista
que la patria ahora es el otro, que no se negocia
y que la plaza es nuestra.

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Manu y Santino Dios