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Apuntes de la presentación de Fogonazos

“Para escribir hay que tener algo para decir”, me dijeron alguna vez. Y yo agrego: “también el deseo que te ponga en movimiento”. Ni una ni otra, se sabe, se compran en el chino. Vienen con nosotros de fábrica o van fermentando en el pecho a partir de nuestras experiencias de vida. En el caso de que no se presenten con la claridad de un día de sol hay que cavar un pozo e ir a buscarlas. En mi caso, mientras tanteaba con las manos las paredes de esa oscura caverna, me dediqué a empuñar y amaestrar el oficio de la escritura y sus convenciones. Así, después de cinco años, llegué a mi primer libro de ficción, Fogonazos.

Hace dos años vengo puliendo unos ocho relatos. Los chicos de Pánico el pánico, la editorial, a fines del 2009, eligieron cuatro. Los corregimos juntos. Faltando poco para entrar a la imprenta, en marzo del 2010, se sacrificó uno por problemas de espacio y presupuesto.

Mis cuentos tienen una fuerte carga emotiva ligada a lo social y los personajes que le dan vitalidad a las historias en general sufren una brutal estigmatización de gran parte de la sociedad por su condición de clase. El Mariano que escribe ficción se funde y complementa con el Mariano que se compromete con el proceso político que viene transitando la Argentina desde el año 2003. Son indisolubles.

***


Hundido sobre el viejo sillón de cuero negro individualicé los ojos de mi hijo en la penumbra del salón. Me sonrió, tímido y ¿orgulloso? Levanté la mano y lo saludé tamborileando los dedos. Una nueva sonrisa le ganó la cara y sus dos hileras de dientitos blancos resplandecieron como un haz de luz por debajo de una puerta.

Con esa única imagen y sensación en el estómago podría haberme ido a casa.

Arrancó Diego Vecino, joven escritor, sociólogo, metalero, hincha de Almagro y compañero, entre otras pinceladas. Tomo clases de literatura con él desde comienzos del 2009. Me gusta el criterio que tiene para interpretar o analizar un texto o autor, una canción, un gol, las curvas o psicología de una mujer, o la coyuntura política nacional. Generamos vínculo, red, y quise que me acompañe.

Acalorado, se presentó, y agradeció la invitación. “Es un honor”, dijo. Con el pelo revuelto, lentes y una remera roja chavista, desmenuzó, a lo largo de quince minutos, con oficio, sensibilidad y muy buena leche, la lente con la que observo y subjetivizo la realidad a través de Fogonazos. Yo no sabía dónde meterme. Buscaba refugio en las miradas alegres de mis viejos, hermanos, amigos y compañeros que habían copado el Club Matienzo. Groso, mono. Acá está su intervención completa.


Después tomó la palabra Leopoldo Brizuela. Escritor, traductor, docente, y compañero. Lo conocí en Casa de Letras, donde estudié narrativa. Durante sus clases quedaba impresionado por la pasión con la que este pequeño gran hombre se involucraba con la literatura.

Hacía algunos días atrás él había presentado su última novela, “Lisboa. Un melodrama”, en la feria del libro, y yo estuve ahí. Al rato, paseando por los marketineros puestos de las editoriales, seguía conmocionado por la profundidad con la que el tipo había disertado sobre su propia producción y la escritura en general.

Ahora, a mi derecha, volvía a hacerlo, pero en relación a mi primer libro. Por ejemplo: “la condición sine qua non para el éxito de cualquier autor es la convicción de que lo que dice debe ser dicho. Y en Fogonazos esa convicción está presente”. Otra: “la acción y el silencio son las herramientas narrativas en Fogonazos. Ese silencio, todo lo que elige no decirse, está connotado en la acción y pesa como una promesa de suspenso constante”. También: “los relatos de Fogonazos son trozos de realidad, de un continuo en donde no hay final verdadero; una historia dentro de una historia incesante”. Y: “Mariano utiliza un lenguaje en que cada palabra corresponde magníficamente a una cosa y un acto, con una precisión que creíamos perdida”. También habló de una atmósfera, a lo largo del libro, en relación a la dictadura –cuestión que detonaría en mi cabeza al otro día-. Tampoco sabía dónde meterme. Basta, Leo.

Cuando me tocó tomar la palabra, fui muy concreto. Conté que en el taller de Sandra Russo, una noche, en su casa, ella había dicho que nosotros, como autores, una vez que nos desprendemos de un texto propio para compartirlo con el lector, no podemos hacernos cargo de las ideas y sensaciones que ese texto pueda llegar a detonar en el otro. “Por eso”, le dije a todos, “todo esto que acaban de escuchar, corre por cuenta de ellos”, y señalé a Diego y a Leo, que estaban sentados uno de cada lado, sentados ambos sobre el apoya brazos del sillón. Risas. Aplausos. Fotos. Descompresión.

Juan Terranova, el otro narrador que Pánico el pánico presentaba esa noche (un diario de viaje: “Diario de Alcalá”), se acercó al sillón, se sentó, y con mucha humildad, y buen humor, la hizo corta: agradecimientos, y a otra cosa.

Para cerrar la presentación, subió al escenario el dúo Barroco: mi primo en el bajo y Facundo en la guitarra. Interpretaron, durante más de media hora, piezas de Bach. Un lujo. Mientras tanto, bajo la pálida luz colorada que salpicaba una lamparita, firmé ejemplares de mi libro. Una situación muy particular y absolutamente novedosa. A cada persona, una dedicatoria. Personal, auténtica. Por momentos excesivamente buscada. Después de cada entrega del ejemplar firmado, beso, abrazo y una enorme carga de cariño.

Para el cierre, cuando bajó la ansiedad y ya casi no quedaba familia, ni amigos ni conocidos, junto a mi primo y un par de amigos, acodados en una pequeña barra de madera, tomando un poco de vino, pude bajar un cambio. La tormenta emotiva de hacía un rato le dejaba lugar a la reflexión.

Publicar un libro es haber llegado a ese punto que nos trazamos en el horizonte alguna vez, y que ahora tocamos con la punta de los dedos, como el animal que vuelve a su cueva por instinto después de haberse perdido en la montaña. Creo que no hay retorno y que Fogonazos es un punto de partida.

Gracias a todas y a todos por acompañarme.

10 comentarios:

Marcos dijo...

vieja felicitaciones papá! lamento no haber podido ir, posta que tenía ganas. En cuanto cobre te compro un ejemplar. Que no te queden dudas!!.

Me alegra mucho loco, posta.
Marcos

Pablo Hacker dijo...

Te felicito Matu!
Estoy ansioso por leerlo.
Avisá dónde se consigue
abrazo

pablo bigliardi dijo...

Grande maestro, vamos por la presentación en Rosario!!!

Hermanos Dios (Mayor) dijo...

Marquitos, te guardo uno, papá. Será un placer.

Pablo, nos acabamos de ver en el frustrado show de Rama. Y viste el libro.

Pablo Rosario, nos vemos en con la copa en la argentina.

vir dijo...

Merecés esta alegría, tantas muestras de afecto, la sonrisa orgullosa de tu hijo y todas las cosas fuertes que pasaron el martes.
Que vengan muchos mas de estos momentos.

helena dijo...

¿Por qué frustrado?

Hermanos Dios (Mayor) dijo...

Vir, siempre presente. Gracias, siempre.

Helena: frustrado: ¿dónde?, ¿cuando?

H dijo...

Porque frustrada la presentación-show-recital de Ramiro Abrevaya

Hermanos Dios (Mayor) dijo...

Porque cayeron inspectores del gobierno de la ciudad -un rato antes la Justicia procesaba a Macri por las escuchas telefónicas- y no permitieron que tocase.

H dijo...

¿Y se hizo algo al respecto? ¿Tocaba solo?

Manu y Santino Dios

Manu y Santino Dios